martes, 1 de noviembre de 2011

El castigo

Las noches, cada vez son más oscuras, el frío de la muerte se sentía en cada rincón de mi cuarto como si el que se disfrazara de la muerte me soplara para sentir miedo,  pero no era la muerte normal, era la muerte de sentimientos, ya ella no sentía nada y yo sentía morirme, mi cama cada vez era más fría y la parte de la cama dónde ella se acostaba, estaba totalmente lisa, así como recién ella se hubiese parado de la cama y la hubiese tendido para no dejar rastro de su amor, ella se llevó todo y no dejó rastro de su presencia en mi cuarto, lo único que quedaba era la imagen de ella en mi inconsciente, que lo único que hacía era recordármela como si fuera un castigo, un castigo que no tenía que pagar, mis piernas ya no cumplían su función, ahora soy un invalido y no puedo correr al cementerio, coger una pala y levantar toda la tierra que hay encima de ella para besarla por última vez. 

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