Y así fue cuando me di cuenta que la mujer perfecta existía, con un viaje de muchos tropiezos y lagrimas, todo empezó un día en donde yo la vi con otro hombre cogida de la mano con una cara de aburrida que sólo ella podía hacer, lo digo porque era una cara muy larga pero entre más larga la tenía me daba cuenta que era una mujer preciosa, que era una mujer que irradiaba mi gusto en forma exagerada, era tanto así que mi propósito era verla sonreír a mi lado.
Las rosas que salían en el jardín de mi abuela apestaban al lado de esa mujer, luché tanto por ella que lloré cuando ella luchó por perderme, cuando el tiempo pasó, el amor lo cogió de la mano y lo llevó hasta donde uno suele enamorarse y hacer lo que sea por una mujer, así pasó, fui yo un hombre normal, un hombre con corazón, con sentimientos y con mucho placer para hacer las cosas, ella estaba a 13 horas de donde yo estaba tirado en mi cama llorando, y se me ocurrió una muy grande idea, llamarla y decirle: ‘’Te amo, te amo tanto que hago lo que sea por estar a tu lado’’, ella fue tan valiente de escuchar eso y tan valiente de decirme, ‘’Si me amas tanto, ven hasta donde yo estoy’’, obviamente su corazón era tan valiente de esperarme que agotó todos los recursos para que yo fuera hasta allá y empezó apagándome el celular; yo tenía en el bolsillo la cantidad suficiente para ir hasta donde ella no estaba, hasta la mitad del camino, emprendí camino con una maleta en donde llevaba un par de galletas y un regalo para ella, era mi corazón inocente.
Esa noche cálida, que mientras viajaba se iba bajando a temperatura la distancia se iba acortando de forma paralela a los latidos de mi corazón, viajé 6 horas en un bus lleno de felicidad, mi compañera de asiento era una mujer de mi edad, con unos senos proporcionales a su cuerpo, unos ojos negros que brillaban de felicidad, se veía tan feliz que no me aguanté las ganas de decirle, ‘’Me regalas un poco de tu felicidad, es que la mía se agotó y no tengo con qué hacerte más feliz’’ y ella me dijo ‘’Si pudiera te haría feliz pero estoy felizmente enamorada de mi novio’’ Entonces yo le dije ‘’No te pido besos, no te pido caricias, no te pido amor, sólo te pido un chiste’’ Ella sonrío y secó las lagrimas que se deslizaban en mis mejillas, cuando eso pasó, también pasó por mi mente el nombre de la mujer que era mi destino en ese momento, y fue cuando llegué a la mitad del camino, ahí la mujer que me había secado las lagrimas se bajó conmigo y me presentó al novio, el novio la esperaba con una sonrisa de enamorado que parecía ‘’fingida’’, ellos se fueron y yo empecé a caminar hacía donde estaba aquella chica de la cual les hablé al comienzo de esta historia.
Cuando di el primer paso hacia la ciudad dónde la mujer que yo perseguía, empecé a levantar mi dedo pulgar y a caminar de espaldas, mirando las luces de los carros como me hacían arder los ojos, pasaban de largo como patos emigrando, como escapando y dejando en mi un nudo en la garganta que sólo ella me podía desenredar, así pasaron 45 minutos, hasta que una camioneta paró y me llevó hasta dónde ella no se encontraba, me pudo ayudar acortando 4 horas de camino, aun me faltaban 3 horas para verla.
Eran las 4:57 de la madrugada, cuando vi el reloj, la noche se me hacía eterna como el amor que sentía por mi chica, tenía sed, hambre y me acordé que al lado del regalo que le llevaba había echado un par de galletas, las comí y seguí caminando de espaldas hacia donde estaba ella, con la mano alzada y el dedo pulgar dando señal para que llevaran gratis, de repente miré hacía el horizonte y vi como el cielo empezaba a mostrarme el día, y a sentir los primeros rayos del sol que me decían que el tiempo era tarde para llegar donde ella.
Así como llegaban los rayos del sol llegó un carro muy lujoso llegó, lo manejaba un señor de 69 años de edad, con un tabaco en la boca y me dijo: ‘’ ¿Para dónde va? ’’ Yo: ‘’Para la capital’’ me dijo: ‘’Súbase’’, el señor fumaba tabaco y no pronunciaba una sola palabra mientras yo le contaba la historia de mi viaje, cuando llegamos a la capital el señor me llevó hasta dónde ella vivía.
Me bajé unos cien metros antes de donde vivía la mujer que buscaba, eran las 11:57 de la mañana cuando volví a ver el reloj en mi muñeca, caminé con una sonrisa enorme, me sentía el hombre más feliz del mundo por haber superado la distancia, haber matado un camino con tan solo un corazón que llevaba de regalo y de arma para llegar hasta allí, de esos 100 metros que me apartaban de la casa de ella, caminé 80 metros, cuando llegué ahí vi de lejos una mujer en un jardín precioso como ella, era la mujer que buscaba, era la mujer por la cual había luchado por llegar hasta allí, era la mujer que amaba, ella tenía los ojos cerrados, los tenía cerrados porque en ese momento ella estaba besando a otro hombre, fue ahí cuando encontré el doble de la felicidad, fue cuando llegó Salomé, la mujer que me había secado las lagrimas en el bus, ella me cogió la mano y me llevó dándole la espalda a su novio, quien estaba besando a mi novia.